Mantén el equilibrio durante la perimenopausia
La menopausia es una etapa por la que, tarde o temprano, pasan todas las mujeres. Aunque probablemente nadie la espere con ilusión, en las culturas ancestrales se considera un valioso paso hacia una nueva etapa de la vida. Para que todas las mujeres puedan atravesar este periodo de forma tranquila y equilibrada, es importante comprender qué ocurre exactamente en el organismo y qué se puede hacer para vivirlo de manera positiva.
En las culturas ancestrales se cree que entramos en la menopausia para acceder a nuestras capacidades sanadoras. Simboliza una etapa en la que las mujeres asumen el papel de sanadoras y líderes espirituales dentro de sus comunidades.
En nuestra sociedad actual, la transición menopáusica o (peri)menopausia —«peri» significa «alrededor de»— suele presentarse desde una perspectiva negativa, lo cual es una lástima. Un total de 1,8 millones de mujeres de entre 40 y 60 años atraviesan esta transición. Muchas mujeres [1] experimentan síntomas característicos, como sofocos, cambios de humor y problemas de sueño. Estos síntomas pueden afectar considerablemente a su vida diaria y hacer que rindan peor.
Sin embargo, esta etapa no tiene por qué ser únicamente negativa o problemática: los síntomas, tanto típicos como atípicos, pueden aliviarse. No obstante, esta posibilidad todavía es poco conocida y tiene una aceptación limitada tanto en la sociedad como en el entorno laboral. Por eso es tan necesario aumentar la concienciación.
[1] El 80 % de las trabajadoras neerlandesas que atraviesan la transición menopáusica experimenta síntomas ocasional o regularmente, y el 36 % considera que estos síntomas reducen su rendimiento laboral (ficha informativa de TNO sobre la transición menopáusica, 2022).
La evolución de la perimenopausia varía mucho de una mujer a otra
La menopausia es un proceso natural durante el cual la producción de estrógenos y progesterona por parte de los ovarios disminuye a lo largo de varios años. Este periodo de transición comienza cuando empiezan a fluctuar las hormonas que regulan la menstruación —los estrógenos y la progesterona—. Como consecuencia, cambia el proceso de maduración de los óvulos hasta que, finalmente, se detiene por completo. El proceso de transición puede comenzar hasta diez años antes de la menopausia propiamente dicha, es decir, de la última menstruación.
La creencia de que este descenso se produce de manera estable y gradual fue refutada recientemente por un estudio longitudinal [2] en el que se realizó un seguimiento de 127 mujeres perimenopáusicas durante trece meses. A lo largo de todo este periodo se analizaron sus niveles de estradiol, progesterona y cortisol (figura 1). El estudio mostró diferencias interpersonales muy pronunciadas.
Ni el momento del mes ni la fase de la transición menopáusica permitieron predecir cuándo se producirían fluctuaciones en la producción de estradiol y progesterona. Esto pone de manifiesto hasta qué punto la evolución de la perimenopausia puede variar de una mujer a otra.
[2] Un estudio longitudinal es un método de investigación en el que se estudia repetidamente al mismo grupo de personas o los mismos fenómenos durante un periodo prolongado. Esto permite obtener información sobre relaciones de causa y efecto y sobre efectos a largo plazo.

Figura 1: Producción de estradiol y progesterona en mujeres en una fase inicial de la transición menopáusica (Early MS, azul) y en una fase avanzada (Late MS, rojo). La figura muestra las marcadas diferencias interpersonales de los niveles de E2 y progesterona a lo largo del tiempo [1].
En resumen, la perimenopausia es una etapa impredecible en la que los niveles hormonales y sus fluctuaciones varían de una mujer a otra. Por tanto, tampoco existe una única solución válida para todos los síntomas.
Evolución general de la perimenopausia
Aunque la evolución de la perimenopausia varía mucho de una mujer a otra, tal como se ha descrito anteriormente, sí pueden reconocerse algunos patrones generales.
Al menos una década antes de la menopausia ya se producen adaptaciones hormonales como consecuencia de la disminución de la cantidad y la calidad de los folículos. Esto da lugar a cambios hormonales que a menudo pasan inadvertidos. Una característica de la transición menopáusica es que el ciclo menstrual se vuelve irregular. La producción de estrógenos por parte de los folículos disminuye y, con ello, también se reduce la retroalimentación que ejercen los estrógenos y la progesterona sobre la hipófisis.
Como respuesta, el hipotálamo estimula la hipófisis para que aumente la producción de las hormonas FSH —hormona foliculoestimulante— y LH —hormona luteinizante—. La FSH estimula el crecimiento y la maduración de los folículos ováricos y favorece la producción de estrógenos por parte de estos. El aumento de la LH estimula la ovulación. Los niveles de ambas hormonas aumentan durante la transición menopáusica y permanecen elevados después de la menopausia, en un intento de estimular unos ovarios que ya han dejado de funcionar.
La relación entre los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona cambia constantemente. Al comienzo de la transición menopáusica, la concentración de estrógenos aumenta en relación con la de progesterona —debido a que esta última comienza a disminuir antes—. Más adelante descienden las concentraciones tanto de progesterona como de estrógenos.
Un exceso relativo de estrógenos respecto a la progesterona también se conoce como dominancia estrogénica.

Figura 2: A medida que las mujeres envejecen, disminuye la reserva ovárica, lo que finalmente da lugar a fluctuaciones hormonales y al inicio de la menopausia [2].
El hecho de que la transición menopáusica transcurra a menudo sin síntomas indica que existen mecanismos de compensación suficientes para mantener, en la medida de lo posible, un ciclo regular y una fertilidad adecuada, aunque queden pocos folículos. El organismo intenta conservar la fertilidad durante el mayor tiempo posible.
Es principalmente el descenso de la hormona antimülleriana (AMH) el que, por así decirlo, «avisa» a los ovarios de que la reserva está casi agotada y de que los folículos menos sensibles deben activarse y madurar con rapidez. La activación de estos folículos menos sensibles solo es posible si disminuyen hormonas como la inhibina A y B y aumenta la FSH. La inhibina es una proteína que inhibe la síntesis y la secreción de FSH.
Esta compensación, con más FSH y menos inhibina, hace que los folículos comiencen a madurar antes y con mayor rapidez, incluidos los menos sensibles. La maduración del siguiente folículo puede empezar cuando la menstruación todavía no ha finalizado (figura 3).
Esta fase provoca los primeros cambios perceptibles en el ciclo menstrual. Los ciclos se vuelven menos regulares y, en ocasiones, puede no producirse alguno.
La hormona antimülleriana (AMH) es producida por las células de la granulosa de los folículos ováricos pequeños y constituye, por tanto, un indicador de la reserva de folículos de los ovarios.

Figura 3 [3]: La compensación mediante un aumento de la FSH y una disminución de la inhibina hace que los folículos comiencen a madurar antes y con mayor rapidez, incluidos los menos sensibles. La maduración del siguiente folículo puede empezar cuando la menstruación todavía no ha terminado.
En una fase posterior, el organismo deja de ser capaz de compensar hormonalmente la disminución de la reserva folicular. Durante esta fase, las mujeres experimentan periodos más prolongados sin menstruación. Pueden producirse ciclos de 60 días o más sin sangrado menstrual. Cuando sí se produce un ciclo, este suele ir acompañado de aumentos pronunciados de la progesterona. Por tanto, en esta fase las mujeres todavía pueden ser fértiles.
Como se ha indicado anteriormente, los niveles hormonales también son muy impredecibles durante esta fase y varían considerablemente de una mujer a otra. Sin embargo, en términos generales, los niveles de estrógenos tienden a disminuir.
¿Qué síntomas pueden aparecer?
Salud mental: estado de ánimo negativo, depresión, menor resistencia al estrés y ansiedad
Las fluctuaciones del estradiol pueden provocar un estado de ánimo negativo y sentimientos depresivos. Esto se debe a que el estradiol influye en el equilibrio de la serotonina, la dopamina y el glutamato.
En primer lugar, el estradiol ejerce un efecto antidepresivo en el cerebro al mantener la sensibilidad de los receptores al 5-hidroxitriptófano (5-HTP). El 5-HTP es el precursor de la serotonina, un neurotransmisor que influye positivamente en el estado de ánimo. Además, el estradiol inhibe la eliminación de la serotonina de la hendidura sináptica, lo que refuerza la transmisión de las señales cerebrales. Por último, también inhibe la degradación de la serotonina por parte de la enzima MAO.
En resumen, el estradiol ejerce un efecto antidepresivo en el cerebro, por lo que sus fluctuaciones y descensos pueden provocar cambios de humor y depresión.
El estradiol también influye en el equilibrio de la dopamina. Además, el estrés crónico durante los años de transición menopáusica provoca alteraciones del estado de ánimo en muchas mujeres [3]. Disponer de suficiente progesterona o P4 constituye un indicador de resistencia al estrés. Independientemente de la fase de la transición menopáusica, unos niveles suficientes de P4 se asocian con menos estrés, un mayor bienestar y una mejor salud mental.
Disminución de la concentración y la memoria
Los estrógenos intervienen en los procesos cognitivos, como la memoria y la concentración. Los posibles problemas de sueño también pueden provocar cansancio y dificultades de concentración durante el día.
Problemas de sueño
Los estrógenos ejercen un efecto positivo sobre la calidad del sueño. Favorecen el sueño REM y regulan los niveles de serotonina y melatonina, esenciales para el ritmo de sueño-vigilia. A medida que envejecemos, disminuye la cantidad de sueño profundo y de sueño REM.
Con el tiempo, el sueño profundo puede llegar incluso a desaparecer por completo, haciendo que el sueño sea cada vez más ligero. El sueño REM permite procesar información y emociones, favorece la capacidad de aprendizaje y la memoria de trabajo, y contribuye a la creatividad general y a la neuroplasticidad.
Sofocos
Los estrógenos desempeñan un papel importante en la regulación de la temperatura corporal. Influyen en el funcionamiento del hipotálamo, la parte del cerebro que actúa como una especie de termostato para el organismo. Cuando disminuyen los niveles de estrógenos, también desciende la serotonina. Como consecuencia, aumenta la noradrenalina y el hipotálamo recibe señales confusas [3]. El organismo interpreta que la temperatura es demasiado elevada.
Como respuesta, activa una serie de procesos para enfriar el cuerpo, entre ellos la vasodilatación [5]. Esto da lugar a un sofoco, que puede ir acompañado de una repentina sensación de calor, sudoración y, en ocasiones, palpitaciones y enrojecimiento de la piel. Más del 80 % de las mujeres experimenta sofocos durante la menopausia [5].
Cada persona responde de forma distinta a estos cambios hormonales, por lo que algunas mujeres presentan sofocos más intensos o frecuentes que otras. Factores como el estilo de vida, la alimentación y el nivel de estrés también influyen en su frecuencia e intensidad. Por ejemplo, los sofocos se agravan con el estrés crónico y una disminución de la función tiroidea.
Sequedad vaginal
Los estrógenos desempeñan un papel crucial en la salud del tejido vaginal. Ayudan a mantener el grosor y la elasticidad de las paredes vaginales y estimulan la producción de lubricación vaginal.
Cuando los niveles de estrógenos disminuyen durante la transición menopáusica, el tejido vaginal puede volverse más fino, menos elástico y más seco. Esta alteración se conoce como atrofia vaginal o vaginitis atrófica. Estos cambios pueden provocar sequedad vaginal, molestias y dolor durante las relaciones sexuales.
Los estrógenos también influyen en el pH vaginal. Normalmente, el pH de la vagina es relativamente ácido, lo que ayuda a prevenir infecciones al crear un entorno desfavorable para determinadas bacterias y hongos. A medida que disminuyen los niveles de estrógenos, el pH vaginal puede aumentar debido a una menor producción de lactato por parte de las células epiteliales vaginales. Esto significa que el entorno se vuelve menos ácido.
En consecuencia, disminuye la presencia de lactobacilos productores de lactato y aumenta la de Prevotella, estreptococos y Gardnerella. Esto altera la microbiota vaginal y aumenta el riesgo de infecciones [6].
Disminución de la libido
La disminución de la libido durante la perimenopausia y después de la menopausia puede deberse a distintos factores. El descenso de los estrógenos también afecta al deseo sexual y puede provocar una reducción de la libido, sequedad vaginal y molestias durante las relaciones sexuales, factores que influyen en el interés sexual.
Los posibles cambios físicos, como el aumento de peso, los retos psicológicos y los problemas de sueño, también pueden contribuir a la disminución de la libido.
Recomendaciones integrales durante la perimenopausia
Tanto en las culturas ancestrales como en la sociedad moderna, las mujeres atraviesan en torno a la menopausia una transición emocional que puede aportar un mayor autoconocimiento y claridad. A menudo, a esta edad se hace balance de la vida vivida hasta el momento y se afronta el futuro a partir de todos los conocimientos y la sabiduría adquiridos. Sin embargo, en nuestra sociedad, las mujeres que se acercan a la menopausia suelen llevar una vida ajetreada, a un ritmo elevado y con una agenda laboral llena.
Por este motivo, durante la perimenopausia o transición menopáusica resulta especialmente importante cuidarse bien. Es fundamental recomendar distintas pautas integrales ante las cuestiones relacionadas con esta etapa.
Algunas formas de acompañar el proceso natural de la transición menopáusica son:
- Alimentación saludable: seguir una dieta variada con abundante fruta y verdura, grasas saludables procedentes del pescado y el marisco y suficientes proteínas. Prestar atención al consumo de alcohol, azúcares refinados y alimentos procesados.
- Actividad física y entrenamiento de fuerza: practicar ejercicio regularmente resulta beneficioso durante la transición menopáusica porque reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y favorece el sueño. El descenso de los estrógenos reduce la masa y la fuerza musculares, por lo que es especialmente importante prestarles atención mediante el entrenamiento de fuerza.
- Meditación: muchas mujeres se benefician de técnicas de relajación durante la transición menopáusica, como la meditación, el yoga o los ejercicios respiratorios.
- Complementos naturales: además de los complementos a base de plantas, determinadas vitaminas y minerales pueden ser importantes, como las vitaminas D y K, el calcio y el magnesio, que contribuyen al mantenimiento de los huesos en condiciones normales.
- Más relajación y menos estrés: intenta animar a tus clientes a descubrir qué pueden hacer para experimentar una mayor relajación y reducir el estrés crónico. En esta etapa de la vida resulta muy importante que las mujeres reciban comprensión y apoyo emocional, tanto de sí mismas como de los demás. A menudo tienen muchas responsabilidades: hijos adolescentes, un trabajo exigente y padres a quienes deben cuidar. Hablar con las personas de su entorno y poder contar con un lugar de trabajo comprensivo puede reducir el estrés.
- Redescubrir el propósito vital de la persona: la transición menopáusica marca el paso hacia una nueva etapa de la vida de la mujer, caracterizada, entre otras cosas, por el final de la fertilidad. Para muchas mujeres, esto supone perder una parte de su feminidad.
Algunas mujeres experimentan una mayor sensación de libertad y confianza en sí mismas a medida que dejan atrás la etapa fértil y se sienten menos condicionadas por los ciclos físicos y emocionales asociados con la menstruación y la ovulación. Puede ser una etapa de redescubrimiento y nuevas oportunidades. Desde el punto de vista bioquímico, esto se explica por el descenso de los estrógenos, considerados las hormonas del cuidado.
Desde una perspectiva evolutiva, este proceso tendría como finalidad que las mujeres pudieran volver a centrarse más en sí mismas, puesto que, a menudo, los hijos ya han abandonado el hogar o están cerca de alcanzar la edad adulta.
- Utilizar plantas que ayuden a equilibrar las fluctuaciones hormonales: trébol rojo, salvia, maca, dong quai y lúpulo.
La menopausia es una etapa difícil en la vida de la mujer debido al descenso prolongado y al desequilibrio de la progesterona y los estrógenos. Síntomas como los sofocos pueden abordarse con Salvia officinalis —salvia— y Trifolium pratense —trébol rojo—. Esta combinación de plantas actúa de forma más suave sobre los síntomas de la transición menopáusica que la soja o la cimicífuga.
La salvia ayuda a calmar el cerebro y contribuye a aliviar los sofocos, las palpitaciones, la depresión, la ansiedad y los problemas de sueño. El trébol rojo contiene fitoestrógenos de acción suave y reduce síntomas como los sofocos y la sudoración nocturna.
Para ayudar en casos de ansiedad, depresión y disfunción sexual durante la perimenopausia y la menopausia puede utilizarse Lepidium meyenii —maca—. Para favorecer la regulación del ciclo menstrual puede emplearse Angelica sinensis —dong quai—. El dong quai mejora la circulación sanguínea y el drenaje linfático de la pelvis menor y relaja el tejido muscular liso.
Para favorecer un equilibrio óptimo de los estrógenos puede utilizarse Humulus lupulus —lúpulo—, que contiene fitoestrógenos de acción suave y ayuda a reducir los sofocos. El lúpulo también ejerce un efecto calmante sobre el sistema nervioso y favorece un sueño saludable.
Para contribuir al equilibrio de la microbiota vaginal puede utilizarse un probiótico vaginal.
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Fuentes
- Grub J, Süss H, Willi J, Ehlert U. Steroid Hormone Secretion Over the Course of the Perimenopause: Findings From the Swiss Perimenopause Study. Front Glob Womens Health. 14 de diciembre de 2021;2.
- Hormonal Changes in Menopause: Is It All Downhill From Here? Neuroendoimmune.wordpress.com.
- Allshouse A, Pavlovic J, Santoro N. Menstrual Cycle Hormone Changes Associated with Reproductive Aging and How They May Relate to Symptoms. Obstet Gynecol Clin North Am. Diciembre de 2018;45(4):613-28.
- Willi J, Süss H, Grub J, Ehlert U. Biopsychosocial Predictors of Depressive Symptoms in the Perimenopause—Findings From the Swiss Perimenopause Study. Menopause. Marzo de 2021;28(3):247-54.
- Bansal R, Aggarwal N. Menopausal Hot Flashes: A Concise Review. J Mid-Life Health. 2019;10(1):6.
- Brotman RM, He X, Gajer P, Fadrosh D, Sharma E, Mongodin EF, et al. Association Between Cigarette Smoking and the Vaginal Microbiota: A Pilot Study. BMC Infect Dis. Diciembre de 2014;14(1):471.