¿La infección por coronavirus afecta a nuestro cerebro?

miércoles 22-julio-2020



A estas alturas es evidente el impacto que la infección con el virus SARS-CoV-2 puede tener en nuestra fisiología. Existe una clara afectación de la función pulmonar, y las personas infectadas desarrollan a menudo dificultades para respirar y tos. En casos graves, puede desembocar en un síndrome de dificultad respiratoria aguda, una complicación que puede causar la muerte. Existen síntomas que se presentan en otras partes del cuerpo y que son menos conocidos, como la gastroenteritis o las erupciones cutáneas. ¿Sabía que la infección por SARS-CoV-2 también puede cursar con síntomas neurológicos? Es muy posible que el coronavirus pueda penetrar en nuestro cerebro y provocarnos todo tipo de problemas neurológicos o incluso psiquiátricos.

Los virus neurotrópicos

Las investigaciones ya han demostrado que ciertos virus son capaces de atravesar la barrera hematoencefálica y penetrar en el cerebro. En estos casos, hablamos de un virus neurotrópico. Algunos ejemplos de virus neurotrópicos son el citomegalovirus, el sarampión, el VIH, la toxoplasmosis, la rabia y todos los tipos de virus del herpes. Basándonos en las investigaciones actuales sobre el coronavirus, podemos añadir con casi total seguridad a esta lista el SARS-CoV-2. El virus puede penetrar en el cerebro a través de diversas vías.

Una de ellas es la traslocación a través del órgano olfativo (bulbo olfatorio y nervios olfativos correspondientes). Esta suele ser la causa de la pérdida del sentido del olfato, una síntoma temprano de la infección por SARS-CoV-2 en un grupo significativo de pacientes. El virus SARS ya se había valido de otros nervios periféricos para llegar al cerebro, y el SARS-CoV-2 no parece ser una excepción. El SARS-CoV-2 también puede utilizar los leucocitos como caballo de Troya para introducirse en el cerebro sin ser visto.

Una vez atravesada la barrera hematoencefálica, el virus halla en el cerebro la cantidad suficiente de receptores ACE2 como para penetrar en las neuronas, los astrocitos (o microglía) o los oligodendrocitos y esconderse o replicarse en los mismos, extendiéndose así al cerebro.

Síntomas del SARS-CoV-2 en el cerebro

Los síntomas más habituales provocados por la penetración del nuevo coronavirus en el sistema nervioso central son dolores de cabeza, mareos y pérdida de atención. Un creciente grupo de científicos cree que los problemas respiratorios observados en pacientes COVID-19 también son consecuencia de la infiltración del virus en el cerebro, más específicamente en los centros respiratorios del tronco encefálico.

No todo el mundo desarrolla síntomas como consecuencia de una infiltración viral en el cerebro, y a menudo los síntomas son muy diferentes dependiendo de la vía de acceso empleada por el virus. Esto complica su reconocimiento y diagnóstico, algo que puede provocar más daño del necesario. Una respuesta inmune inadecuada puede llevar a que los síntomas sigan surgiendo incluso años después de la infección inicial por virus neurotrópico, y todo ello sin que el virus sea rastreable.

Respuesta inmune en el cerebro.

Resulta de gran importancia que el cerebro ofrezca una respuesta inmune efectiva con el fin de hacer que el virus sea inofensivo y evitar una mayor propagación del mismo. Esta respuesta inmune antiviral debe ser muy precisa para conseguir que, por ejemplo, el tejido nervioso o la mielina (sustancia grasa que recubre los axones para permitir la conducción de los impulsos nerviosos) sufran el menor daño posible. Con este fin, el sistema inmunitario innato y el adquirido colaboran estrechamente para evitar la replicación del virus, siendo el papel del interferón gamma (IF-?) de vital importancia. El IF-? se ocupa de la eliminación viral en los oligodendrocitos. Las mitocondrias sanas son cruciales para la producción de IF-?, y para el conjunto de la respuesta antiviral.

Por desgracia, una infección viral y su consecuente respuesta antiviral dejan inevitablemente daños cerebrales. Una de estas consecuencias es la desmielinización, es decir, una degradación de la mielina que puede afectar a la conducción de los estímulos nerviosos. La interleucina 10 (IL-10), una citoquina antiinflamatoria, protege al cerebro de una desmielinización generalizada. Por tanto, resulta de vital importancia que exista un balance adecuado entre citoquinas pro y antiinflamatorias en el cerebro, tanto para luchar contra un virus infiltrado como para prevenir que los daños sean excesivos. La posible existencia de una neuroinflamación previa que altere este equilibro no hará más que dificultar la recuperación.

Poner en práctica lo aprendido

El coronavirus puede infiltrarse en el cerebro y provocar una respuesta inmune. Con el fin de realizar una intervención selectiva que evite el empeoramiento, es importante identificar una posible infiltración del coronavirus. También es posible trabajar de forma preventiva garantizando que el metabolismo cerebral sea óptimo y solucionando la neuroinflamación. Lo que puede hacer:

1.      Manténgase alerta para detectar síntomas neurológicos sutiles en pacientes que hayan pasado una infección por coronavirus, independientemente de la gravedad con la que la COVID-19 haya cursado y del periodo de tiempo que haya pasado hasta que aparecen los síntomas;

2.      Intente fortalecer al cerebro todo lo posible a través de los nutrientes y la energía necesarios para que pueda luchar por sí mismo contra el virus;

3.      Procure que haya suficientes mitocondrias en el cerebro (y en el resto del cuerpo) y que estas funcionen correctamente;

4.      Inhiba la neuroinflamación para que no deje ningún daño. Una acción inhibidora de la neuroinflamación consiste en:

-        nutrición antiinflamatoria: limitación de la energía obtenida a través de la dieta (menor valor calórico, limitación de la fructosa y limitación de la ingesta de grasa por comida), alimentación rica en omega 3 y pobre en omega 6.

-        ayuno nocturno de entre 13 y 16 horas de duración

-        hacer ejercicio (en ayunas)

-        meditación y relajación en la naturaleza

-        suficientes horas de sueño (regulación del biorritmo)

 

Fuentes

Deigendesch, Nikolaus, en Werner Stenzel. ‘Acute and Chronic Viral Infections’. In Handbook of Clinical Neurology, 145:227–43. Elsevier, 2018. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-802395-2.00017-1.

Kloc, Malgorzata, Rafik Mark Ghobrial, en Jacek Z. Kubiak. ‘The Role of Genetic Sex and Mitochondria in Response to COVID-19 Infection’. International Archives of Allergy and Immunology, 19 juni 2020, 1–6. https://doi.org/10.1159/000508560.

Monteiro, S., S. Roque, F. Marques, M. Correia-Neves, en J.J. Cerqueira. ‘Brain Interference: Revisiting the Role of IFN? in the Central Nervous System’. Progress in Neurobiology 156 (september 2017): 149–63. https://doi.org/10.1016/j.pneurobio.2017.05.003.

Paybast, Sepideh, Ali Emami, Mohsen Koosha, en Fatemeh Baghalha. ‘Novel Coronavirus Disease (COVID-19) and Central Nervous System Complications: What Neurologist Need to Know’. Acta Neurologica Taiwanica 29(1) (30 maart 2020): 24–31.

Savarin, Carine, en Cornelia C. Bergmann. ‘Fine Tuning the Cytokine Storm by IFN and IL-10 Following Neurotropic Coronavirus Encephalomyelitis’. Frontiers in Immunology 9 (20 december 2018): 3022. https://doi.org/10.3389/fimmu.2018.03022.

 

 

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