La oxitocina en la sociedad del metro y medio

martes 14-julio-2020

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En los últimos meses, forzados por la pandemia del Coronavirus, nos hemos adherido al distanciamiento social, la cuarentena o el aislamiento. Hemos mantenido una distancia social y física con los demás, algo que a nosotros, los Homo Sapiens, nos resulta extraño. Desde que nacemos, el contacto físico, también llamado contacto piel con piel, resulta esencial para la conexión entre madre e hijo. Este proceso de vinculación es una parte importante del desarrollo socio-emocional de un niño. El contacto piel con piel sigue siendo importante más adelante en la vida. ¿En qué nos afecta a nosotros, como seres humanos, vernos obligados a permanecer sin el necesario contacto físico? ¿Cómo afecta eso a nuestra fisiología y funcionamiento?


La evolución del contacto

«Acicalarse» unos a otros es una característica importante de la vida social de los primates. Algunas especies le dedican a esto hasta un 20% de su día (Dunbar, 2010). Siempre se asumió que sólo se trataba de higiene, es decir, la eliminación de parásitos o restos de vegetación del pelaje. En la práctica, a los primates salvajes realmente no les molestan tanto los parásitos como para justificar la cantidad de tiempo que dedican a su cuidado. Una explicación más obvia es que esta forma de contacto tiene una función social: la vinculación (la unión). A lo largo de la evolución, el contacto físico también ha adquirido una importante función (social) en las personas. El contacto social proporciona vínculos, recompensas, comunicación y regulación emocional en el desarrollo humano a lo largo de la vida. Ya sea un cálido abrazo o una mano tranquilizadora en el hombro, el contacto físico es una manera de demostrar preocupación y establecer amistad con los seres queridos. Nos hace sentir bien y no podemos vivir sin ello.

 

Las consecuencias del distanciamiento social

La obligación de mantener un distanciamiento social y físico puede tener consecuencias negativas para la salud. Podemos experimentar irritabilidad, miedo a contraer y propagar la infección, ira, confusión, frustración, soledad, negación, depresión, insomnio y desesperación (Dubey, 2020). La incertidumbre sobre el estado de salud también puede llevar a síntomas obsesivo-compulsivos, como constantes controles de temperatura y esterilización frecuente de manos y superficies (Wen Li, 2020). Las investigaciones realizadas en 2004 tras el brote de SARS en Toronto en 2003 muestran que incluso puede llegar a producirse el trastorno de estrés postraumático (TEPT) después de la cuarentena y el aislamiento. Los síntomas del TEPT están directamente asociados con la duración de la cuarentena (Hawryluck, 2004). Una posible causa de los síntomas anteriormente mencionados puede buscarse en la ausencia de un contacto físico agradable.

 

El triángulo de la vinculación; serotonina, oxitocina, prolactina y dopamina En el llamado triángulo de la vinculación son fundamentales la serotonina, la oxitocina y la prolactina, que juntas forman el «cóctel de la vinculación» (Mottolese, 2014, Kennett, 2012). Estas sustancias interactúan en el procesamiento de los estímulos agradables del tacto, que entran a través de la piel. La piel es el órgano más grande del cuerpo humano. El contacto corporal agradable activa los receptores TRP3 y TRP4 en la piel. Estos receptores son responsables de la producción de serotonina (Slominski, 2005) y transmiten estímulos táctiles agradables y desagradables a nuestras neuronas sensoriales (Moehring, 2018). Cuando la serotonina, producida en la piel, llega al DRN (los cuerpos del rafe, un núcleo heterogéneo del tronco cerebral en el cerebro medio), la producción de serotonina se estimula de manera centralizada. La serotonina activa entonces el núcleo paraventricular (PVN) del hipotálamo para producir oxitocina. La oxitocina es un neuropéptido que interviene en el aumento de los sentimientos positivos de confianza, apego emocional y conexión social, al tiempo que reduce la ansiedad (Kirsch 2015). Debido a que la hormona se activa después de un contacto agradable con la piel, la oxitocina se conoce como la «hormona de los mimos». La oxitocina se une entonces a las células lactotrópicas del lóbulo pituitario, la adeno-pituitaria, que producen prolactina en él. La prolactina es el freno a la producción de dopamina a través de un sistema de retroalimentación negativa: estimula la liberación de dopamina, mientras que la dopamina a su vez es el freno de la prolactina, con lo que se reduce la estimulación de la dopamina (Fitzgerald 2008). La estimulación del DRN y el PVN también inhibe la producción de dopamina en el núcleo arcuato. El núcleo arcuato y con él, la producción de dopamina, están, en cierto modo, en el centro del triángulo PVN-DRN.


Influencia en la conducta

El triángulo de la vinculación y el metabolismo cerebral asociado tienen una gran influencia sobre nuestra conducta. La serotonina y la oxitocina son importantes para la regulación de comportamientos tales como la socialización y las respuestas inconscientes a los estímulos externos. Ambas sustancias también influyen en trastornos como la ansiedad social, la depresión y el autismo; interactúan en zonas del cerebro, como la amígdala, que son importantes para la regulación del comportamiento basado en las emociones (Mottolese 2014). La oxitocina tiene un efecto inhibidor sobre el sistema nervioso simpático y el eje HPA. La oxitocina liberada en el cerebro en respuesta a la estimulación sensorial contribuye al bienestar diario y a la capacidad de hacer frente al estrés (Kerstin Uvnäs-Moberg, 2014).

Cuando no es posible un contacto corporal agradable, se inhibe la producción de serotonina y oxitocina, mientras que la dopamina se inhibe menos. Esto tiene consecuencias para la emisión de señales a través de la amígdala, el área del cerebro donde se regula el comportamiento basado en las emociones: al reducir los neurotransmisores serotonina y oxitocina y aumentar la dopamina, se puede estimular la ansiedad, la angustia y la paranoia, y nuestro comportamiento está guiado por estos sentimientos (Rosenfeld 2011, Linsambarth 2017).


Conocimiento a través de la práctica

En nuestra sociedad de metro y medio, necesitamos alternativas para la producción de oxitocina, para regular el comportamiento resultante de los sentimientos de ansiedad, angustia y paranoia, entre otras cosas. Una producción suficiente de oxitocina estimula el comportamiento socialmente interactivo, aumenta el bienestar y tiene efectos antiestrés, por lo que mostramos un comportamiento más relajado. Aunque nada puede sustituir por completo los beneficios del contacto humano positivo, existen alternativas que estimulan la producción de oxitocina y que usted puede utilizar como alternativa:

·        Establecer contacto visual; mirarse a los ojos aumenta la producción de oxitocina (Nagasawa, 2015)

·        Beber de manera intermitente; la sensación de sed aumenta la producción de oxitocina (Plum Tree, 2016)

·        Abrazar a los miembros de la familia

·        Activar los receptores TRP3 y TRP4 con hipertermia de cuerpo entero, masajes corporales integrales o una sesión de sauna (Hale, 2017)

·        Las videollamadas, las clases de yoga online y el canto son otras actividades que aumentan la liberación de oxitocina en el cerebro. (Jayaram, 2013; Keeler, 2015)

·        Tomar suplementos de Crocus sativus y Griffonia simplicifolia, para aumentar la serotonina. (Ghaderi, 2020; Carnevale, 2011)
 

Fuentes

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