SFC: más que simple inflamación de bajo grado

jueves 11-agosto-2016

Por Leo Pruimboom

 

"Qué cansancio que tengo. Y llevo así ya seis meses...". Son frases típicas de alguien que sufre de síndrome de fatiga crónica (SFC). 

 

El SFC es un síndrome heterogéneo del que padecen cada vez más personas. Muchas de ellas sufren también de fibromialgia. Según los últimos datos, se trata del 4% de la población.

Diagnóstico

El SFC se diagnostica mediante una serie de síntomas, de los cuales dos tienen que darse obligatoriamente para poder justificar su diagnosis. Estos dos síntomas son: 

 

  1. una reducción del nivel de actividad de un mínimo del 50% y 
  2. trastornos cognitivos y emocionales significativos. 

En el momento en que el paciente también sufre dolor, hay que descartar primero patologías comórbidas para establecer un diagnóstico claro.

Impacto y tratamiento

El SFC puede tener un impacto grave en la calidad de vida e incluso puede postrar en la cama al paciente. Así pues, el tratamiento es de gran importancia, pero el cuadro clínico es complejo, por lo que la cuestión es aprender a comprenderlo bien y observarlo desde diferentes ángulos antes de elaborar un plan de tratamiento.

 

La primera pregunta que debe responderse se basa en la medicina evolutiva y la PNI clínica: ¿por qué ha permitido la evolución la tendencia al SFC, cuando es tan invalidante e incluso produce muerte prematura en un 12,5% de los casos?

 

La explicación sintomática de la fatiga (crónica) es sencilla: el cansancio es la sensación asociada a una falta general de energía, exigiendo así descanso y sueño. La fatiga no es en ningún caso falta de café, aunque sea así como reaccione la mayoría de las personas. Por eso, como es lógico, el café no ofrece solución satisfactoria para las molestias de la fatiga patológica.

 

La explicación evolutiva del cansancio reside en un "programa energético" localizado en el hipotálamo, siendo la fatiga una señal de alarma por el exceso de gasto de energía. Esta "alarma de fatiga" activa una reacción sistémica de estrés que modifica (de forma crónica) otras funciones de tipo cognitivo, neurológico e inmunológico. Es justamente la combinación de fatiga, inflamación de bajo grado, pérdida de memoria e incluso alteraciones neuroanatómicas la que determina el SFC. 

Causa última del SFC

La segunda pregunta que precisa respuesta es: ¿cómo se desencadena el SFC, cuáles son los factores de riesgo más importantes que lo provocan y de qué instrumentos de medición disponemos para trazar el mapa de su patofisiología?

 

La principal causa del SFC es la vida en sí, llena de factores de riesgo antropogénicos como la falta de sueño, los trastornos en el biorritmo, la contaminación medioambiental, la mala alimentación, las comidas demasiado frecuentes, la falta de ejercicio y la vida sedentaria. Todos estos factores activan la ya mencionada reacción de estrés, cuyo primer objetivo es elevar el nivel de sodio/glucosa en la sangre para proveer de energía a los órganos que tienen que solucionar esos problemas. 

 

La forma en que esto se lleva a cabo es abriendo las barreras, entre ellas la del intestino y la de la boca. Ahora que la flora del intestino y/o la boca no es óptima, ciertas bacterias pueden entrar en el torrente sanguíneo, provocando una infección crónica. El SFC surge meses después, y con frecuencia la infección (ya) no está presente, pero la alarma sigue encendida. Ampliaremos esto a continuación.

Medir no siempre es saber

La patofisiología del SFC es compleja y no existen biomarcadores específicos para su diagnóstico. A veces están alterados los valores inmunológicos, mientras que en otros pacientes (sobre todo jóvenes) no se detectan valores anómalos. Por eso es mucho mejor conocer la patofisiología por medio de la interpretación de las mejores terapias para las personas con SFC. 

 

Tres terapias eficaces

El restablecimiento de pacientes con SFC es lento y solo hay tres terapias cuya eficacia haya sido demostrada. Una de ellas es el restablecimiento de las barreras intestinales y de la microflora, tanto de la boca como del intestino. Una segunda terapia es el uso de rintatolimod, un medicamento inmunomodulador. Esta medicina se emplea contra las infecciones víricas, y en vista de que el SFC suele empezar con una, su efectividad parece plausible. No obstante, su efecto es tan pequeño y los efectos secundarios tan grandes, que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) decidió en 2012 dejar de aprobar su uso para personas con SFC.

 

La terapia más eficaz para estas personas es la terapia cognitivo-conductual. El hecho de que esta sea la que mejor funcione apunta a uno o varios trastornos en el terreno de la neuropsicología. Y de eso ya no queda la menor duda. Todas las personas con SFC padecen inflamación de una o varias partes del cerebro, y esta inflamación es, o bien causa directa de la sintomatología, o bien la consecuencia de una "respuesta de alarma" condicionada a la anterior infección que ya no se puede detectar. La terapia cognitivo-conductual es la que tiene mayor éxito porque puede romper el condicionamiento (progresivamente). 

Terapia breve estratégica

La forma de terapia cognitivo-conductual más eficaz es la terapia breve estratégica (en inglés, Solution-Focused Brief Therapy). Este enfoque terapéutico está dirigido a la solución, y activa los "recursos" del propio paciente. El resultado es un cambio de comportamiento en las estrategias de afrontamiento. 

 

La terapia breve estratégica es una parte importante de la formación del terapeuta en PNI clínica, al igual que las intervenciones necesarias para el restablecimiento de la función intestinal y la permeabilidad. Por lo tanto, los pacientes con SFC pueden obtener los mayores beneficios en la intervención integral de un terapeuta de PNIc. Esta intervención integral se compone de consejos alimentarios, una intervención ortomolecular en casos necesarios, un plan de ejercicios, la regulación del biorritmo y, por supuesto, terapia breve estratégica. 

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